Kaskawilla
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La sonaja de vaso abierto o cascabel consiste en un vaso esférico, con una abertura en la base, con partículas que entrechocan en el interior al ser agitado. Los ejemplares que se conocen son de plata o hierro cuando son fabricación local, y de bronce cuando son importados. La forma es muy similar en todos ellos.

 

Los ejemplares locales están cubiertos de una ornamentación en sobre relieve, hecha a la cera perdida, con una distribución cuatripartita en la mitad superior, y abajo con “cordones”.

Normalmente se usan varios cascabeles de distintos tamaños, con sonidos distintos (hasta cuatro tamaños diferentes, entre 19 y 46mm de diámetro). Un solo caso excepcionalmente grande (61 cm de diámetro) se sale de la norma. La cantidad de cascabeles que se unen varía según el criterio de cada machi; pueden ser tres, cuatro, cinco, siete, hasta ocho. La selección de tamaños para armar una kaskawilla también depende de cada machi: en todo caso en los ejemplares observados se ve una cuidadosa selección de tamaños, y por lo tanto de sonidos. Este dato concuerda con relatos de mapuches escogiendo cascabeles en el comercio y probándolos por un largo tiempo, antes de decidirse.

 

La manera de unirlos ha variado con el tiempo. E el siglo XVIII aparece mencionado un pequeño arco de metal del cual penden varios cascabeles, el que continúa en uso hasta hoy. Posteriormente se cambió el arco metálico por un asa confeccionada con cueros trenzados y lana, el tipo más habitual en la actualidad.

 

El uso más frecuente de la kaskawilla es sosteniéndola con la mano que golpea el kultrun. A veces esta unión se hace más segura adhiriéndolos en una pulsera de cuero que se ata a la mano que percute. Haciendo que el sonido del kultrun se prolongue entonces hacia el sondo metálico de la kaskawilla y su sonido acrecienta el del timbal sonajero.

Este instrumento al igual que el kultrun está ligado a las funciones de la machi, y por lo tanto es de carácter sagrado.